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sábado, 5 de febrero de 2011

Conversación en el restaurante "La Terraza del Casino"

Tercera entrega.
Conversación Nº 2 (segunda parte)
Febrero de 2011.


Aún tiritando de frío, estaba intentando limpiarme los churretones de mierda de pájaros que habían caído encima de mi chaqueta en nuestra breve pero intensa estancia en la Antártica, cuando Muchosnombres me preguntó con sorna:
- ¿Alguna prueba más, señor incrédulo?
- Si es por pedir y ya que me lo ofreces, pido algo sencillito: mucha salud, mucho dinero y mucho amor. Y que mi chaqueta vuelva a estar limpia.
     Inmediatamente Muchosnombres cambió el gesto de su rostro y, molesto,  expresó:
- ¡Ya empezamos a pedir favores personales! ¿Ves porqué no puedo tener amigos de verdad? Apenas se enteran quién soy, todos intentan sacar beneficio a costa mía. ¿También tú? - y me lanzó una mirada que me dejó como un flan.
- Tienes razón, perdona, no te pediré más favores personales. Pero ya que me ofreces otra prueba, haz aparecer aquí, junto a nosotros, un dinosaurio. Aunque en la película "Parque Jurásico" parecían reales, por razones obvias nunca he visto uno de verdad. ¿Sabes que dicen que, debido a que cayó un gran meteorito en la tierra, se extinguieron hace unos 65 millones de años?
- ¡Nene! ¿Cómo no lo voy a saber si lo vi todo? Pero vale hombre de poca fe, aunque no entiendo el interés que tienes en ver un bicho de éstos, te traeré hasta aquí un Tyrannosaurus Rex de 8 toneladas. Ojo, ten cuidado, que no es precisamente un perro chihuahua ¿Eh?
     Y de la nada apareció una bestia inmensa, bufando, tirando babas para todos lados; y azotando con su cola, que más que cola parecía el brazo de una máquina de demolición, el mobiliario y las paredes del restaurante. A los pocos segundos el edificio del Casino empezó a temblar tanto, que creí que todo iba a quedar reducido a escombros. La espantosa gritería de la gente antecedió a una huida en desbandada de, por lo menos, una docena de comensales y tres camareros.
- ¡Coño, Muchosnombres! ¡Hazlo desaparecer, por favor! - le supliqué yo.
Porque el cacho de bestia no sólo estaba furioso, sino que también parecía estar muerto de hambre. Tres segundos más y es posible que se hubiera zampado a un grupo de turistas japoneses que estaban al fondo de la estancia chillando como descosidos, porque antes que Muchosnombres lo hiciera esfumarse, el Tyrannosaurus Rex iba relamiéndose derechito hacia ellos.
Por fortuna, igual como apareció se fue y en el restaurante todo siguió como si nunca hubiera danzado esa bestia inmensa en ese hermoso salón. Sin embargo
por el rabillo del ojo pude percatarme que el camarero que nos atendía, aún tembloroso, se estaba meando en sus pantalones.
- ¿Está convencido ahora? 
- Tranquilo, no te molestes Muchosnombres, pero te voy a decir la verdad; convencido lo que se dice convencido no estoy. Sigo sin creer que eres quien dices ser porque soy agnóstico. Estoy seguro que David Copperfield u otro mago de los buenos también podrían hacer un truco parecido al que acabas de hacer tú. Si no es así puede que esté soñando.
- Bien, acepto y entiendo que no me creas, pero aunque tú seas agnóstico podemos ser amigos ¿Verdad?
- Hombre, claro. Y aunque tú no seas Dios también podemos ser amigos. Aunque bien pensado prefiero que no lo seas.
- Bueno, tampoco nos vamos a poner tan quisquillosos por quienes somos.
- De todas maneras te aclaro que el que no crea en ti no significa que no acepte que otros sí crean en Dios o como lo llamen. De hecho la mayoría de mis amigos son creyentes y pertenecen a diferentes religiones.
- Eso está bien, me refiero a tener amistades diversas. Pero es probable que esos amigos tuyos, que según tú profesan distintas religiones, crean en algo parecido a mí por interés. 
- ¿Interés de qué?
- Por ejemplo satisfacer su necesidad de creer que hay una vida después de la que ellos están viviendo. 
- Es probable. Pero a propósito de religiones en plural ¿Cuál es tu religión oficial?
-Ninguna. Yo no tengo nada que ver con las numerosas religiones que vosotros habéis inventado, ni tampoco con ninguna de las religiones que han inventado aquellos  que viven en otros lugares del universo.
     Cuando terminó de decir "...en otros lugares del universo" a mí casi se me cayó la peluca. Porque si era verdad que él era quien decía ser, significaba que no estamos solos en esta aventura. Según numerosos científicos y muchos periodistas, si consiguiéramos tener un contacto en tercera fase, sería una de las noticias más importantes que se podría publicar en la historia del mundo.
- ¿Qué has dicho? ¿Es que no estamos solos en el cosmos? - exclamé yo entusiasmado.
- Vaaaamos, tranquilízate, no es necesario gritar porque no estoy sordo.
- Pero dime ¿Hay "otros" más en otros lugares? ¿Sí o no?
- De eso hablaremos más adelante, en otra ocasión ¿Vale? Es que como especie os habéis pasado de imaginativos respecto a lo que llamáis religión, chaval. Por mí podéis creer en lo que queráis creer. Es un detalle que para mí no tiene importancia.
- Pero ¿Por qué desde hace miles de años existen religiones que adoran, algunas a un solo Dios, y otras a varios dioses? Dicen que cuando el río suena piedras lleva.
- Por lo mismo que te decía antes, porque es una necesidad humana. Algo así como la necesidad de comer, la necesidad de beber, o la necesidad de hacer sexo. ¡Uf! ¡Qué buena está la espaldita de cordero con cebollitas y setas al civet! - exclamó entusiasmado Muchosnombre. Y luego de lamerse sus labios continuó - Perdona, ahora completo mi idea. Entre vosotros los humanos, creer que existe algo superior forma parte de vuestras herencias genética y cultural.
- Puede que sea así, aunque lo que es yo no siento esa necesidad de creer en deidades.
- Ése será tu caso, pero hay otros muchos que necesitan creer. Digamos que creyendo se sienten más seguros. Y, justamente, debido a que tantos necesitan creer, también te digo que desde que el hombre es hombre ha habido mercaderes que, percatados de esta necesidad humana, la han fomentado más aún.
- Eso lo sabe casi todo el mundo. Estos peculiares empresarios se han dado cuenta que existe mucho público objetivo en este mercado y han desarrollado planes de marketing para vender intangibles relacionados con esta necesidad a millones y millones de clientes.
- Y también han creado, desarrollado y comercializados tangibles. No sabes la cantidad de objetos relacionados con las religiones que se fabrican y se venden cada día.
- Sí, me lo imagino: estampitas, medallas, figuras, libros, reliquias, velas, cirios... 
- Pero esas son fruslerías - me interrumpio Muchosnombres -  Yo me refiero a cosas más gordas. ¿Te acuerdas cuando en ese período que llamáis Edad Media, los managers de una determinada iglesia, y no la nombraremos para no hacerle publicidad, crearon y promocionaron bulas pontificias concediendo perdón por delitos horrendos a cambios de pasta gansa?
- Pero no es algo del pasado; actualmente lo siguen haciendo. Pero sí recuerdo un documento llamado "La Taxa Camarae" (*), en la que fijaron una lista de precios por las bulas. Leyéndolo se puede comprobar que, por grave que fuera la falta o el delito, a cambio de dinero y a través de una bula, todo podía ser perdonado al cliente que pagaba. Incluso matar y violar niños.
- Y mejor ni hablemos de la Inquisición que frió a decenas de inocentes. ¿Te das cuenta lo que ciertas personas son capaces de hacer por el poder, usándome a mí como subterfugio, proclamando urbi et orbi que lo hacen en mi nombre? 
- Perdona que insista, amigo, pero en caso de que realmente existas ¿Seguro que ninguno de ellos es tu, digamos, "concesionario oficial"?
- Yo no tengo ni necesito "concesionarios" ni concedo franquicias. ¿Para qué coño voy a necesitar yo concesionarios o representantes si ya te he dicho que soy todo todo y siempre siempre?  Yo no necesito ni  campañas de publicidad ni de relaciones públicas. 
- Pero a lo largo de la historia con algunos de los muchos que se han proclamado tus representantes habrás hablado a calzón quitado, como lo estás haciendo ahora conmigo. ¡Vamos, digo yo!
- Con muchos he hablado, pero como me está sucediendo contigo ahora, ninguno ha creído que hablaba realmente conmigo, porque para creer ellos necesitan verme en altares llenos de oro, en lugares especiales, vestidos de una manera peculiar que ellos mismos han inventado, y participando en rituales complicados.
- Digamos que les importa más la forma que el contenido.
- La puesta en escena, diría yo. Se imaginan que si aparezco tiene que ser entre nubes densas que se abren, acompañado de dos millones de esos seres que llamáis ángeles tocando trompetas junto a mí, con un montón de personas a mi diestra y otro montón a mi siniestra y que, cuando las trompetas cesan sus sonidos, mi voz retumba como un  trueno.
- ¿Sabes que cuando tenía unos cinco años tuve un sueño como la escena que acabas de describir? Recuerdo que en mi sueño sucedió algo parecido y al aparecer tú todos nos caímos al suelo. Entonces desperté, pero fue todo tan real y me impactó tanto que nunca he olvidado ese sueño.
- Seguro que lo soñaste porque oíste muchas historias parecidas a tu sueño. A los cinco años los humanos sois muy influenciables.
- Muchosnombres, y estos que dicen ser tus representantes, cuando dialogan contigo ¿qué te preguntan? 
- Sobre todo por lo que ellos denominan la vida eterna. Están obsesionados por vivir eternamente. Es lejos lo que más les interesa. Pero como es algo que aunque se los explicara no lo entenderían, siempre me callo. ¡No saben el disgusto que se van a llevar!
- ¿Por qué dices que se van a llevar un disgusto? ¿Significa eso que no hay nada una vez que uno deja de vivir? ¿No hay otro mundo, otra dimensión, un cielo, un lugar especial, en fin "algo"?
- ¡Ah...tatatán! Dejémoslo en suspenso ¿Vale mon ami? ¿Te has dado cuenta que para que me entiendas mejor te estoy hablando como hablas tú, a veces en pasado, a veces en presente y a veces en futuro?
     Y como ya estábamos en los postres, de inmediato cambio de tema y empezó a hablar de lo excelente que había estado la comida. La verdad es que todo resulto ser delicioso y con una presentación muy original. Para mí la Crema Catalana fue lo mejor.
- ¿Quedamos para otro día? - me preguntó Muchosnombres mientras bebía un "chupito" de guindas.
- Sí, claro que me gustaría quedar para otro día, porque reconozco que eres una de las personas más interesantes que he conocido.
- A ver a ver - dijo bajito Muchosnombres mientras consultaba su agenda electrónica - ¿Te parece bien el jueves de la próxima semana, digamos a las siete de la tarde en el café Gijón? 
     Para darme importancia yo me hice el que pensaba un rato y le contesté sólo después de un silencio prudente.
- Sí, me va bien. Precisamente el jueves tengo un par de horas libres por la tarde. Además me gusta la idea porque a dicen que a ese café va mucha gente famosa. Un amigo me contó que una vez que fue, entre la multitud, vio a un tertuliano de Canal 5. Me confesó que cuando reconoció su rostro había sentido una emoción indescriptible.
- Amigo - dijo Muchosnombres sonriendo en forma socarrona - creo que con lo que vas a ver el jueves vas a flipar más.- 


(*) Ver la dirección:
 http://www.pepe-rodriguez.com/Mentiras_Iglesia/Taxa/Taxa_Mentiras_Iglesia_taxacamarae.htm

sábado, 29 de enero de 2011

Conversación en el restaurante "La Terraza del Casino".

Conversación nº 2 (primera parte)
Enero de 2011.


Cuando llegué al restaurante "La Terraza del Casino", aunque el cielo amenazaba lluvia y hacía frío, Muchosnombres estaba al aire libre bebiendo un aperitivo, mientras miraba desde la terraza los tejados de los edificios de la calle Alcalá. Después de saludarme de manera afectuosa me preguntó qué aperitivo quería beber.
- Un pisco sour - le contesté yo.
- ¡Mmm!, a mí también me agrada el pisco sour. ¿Su origen es chileno o peruano?
- Da igual cual sea su origen, lo importante es que lo preparen bien. Los he tomado bien  hechos en Chile, en Perú e, incluso, en Francia. 
Muchosnombres llamó al barman, pidió mi pisco sour y volvió a mirar hacia la calle.
- Me gusta mirar los tejados de las ciudades - me dijo en tono melancólico.
- He leído que a Neruda también le gustaba. Cuando vivió en la calle Maruri, allá por el año 1921, en un barrio de Santiago llamado Recoleta, desde la ventana de su habitación solía mirar absorto los atardeceres y los tejados. Allí terminó de escribir su primer libro de poemas. De esa época data un poema titulado "La tarde sobre los tejados" - le conté yo.  
- Lo sé, lo he leído - me dijo. Y agregó - Me gusta Neruda. Me agrada su poesía. Vivió una vida interesante y amó mucho. Me gusta la gente que ama de verdad.
Yo también me asomé a mirar hacia la calle, porque la verdad es que la vista desde la terraza del Casino de Madrid es hermosa. Es una zona de la ciudad que siempre está llena de vida, de viandantes y vehículos que se entrecruzan como hormigas. Parece hervir la vida por doquier.
- Mira, enfrente, allí a tu izquierda está "El Círculo de Bellas Artes" - le indiqué mostrando el edificio del Círculo.
- Sí, allí está. ¿Has visto la hermosa lámpara que está instalada en el restaurante que llaman "La Pecera"?
- La he visto. Es una lámpara muy original. Aunque yo prefiero sentarme afuera, en la terraza que da a la calle Alcalá. 
En ese momento nos avisaron que nuestra mesa estaba lista.
Entramos al salón. Probablemente Muchosnombres había influido para que nos dieran una mesa situada en un lugar privilegiado. Me percaté que desde ella podíamos ver a todos los demás sin que ellos nos vieran. Incluso podíamos escrutar a quienes entraban.
- Hay tres parejas de enamorados - me confidenció Muchosnombres.
- ¿Cómo sabes que hay tres? - inquirí.
- Mira - me dijo. E instantáneamente, en tres lugares diferentes del restaurante, tres parejas comenzaron a llenarse de un halo de luz maravilloso.
- ¡Qué hermosas se ven! - exclamé impresionado.
- Es que el amor es lo más hermoso que existe en mí.
- ¿Cómo que en ti? ¿Qué tienes que ver tú con esos seres afortunados?
- ¿Has olvidado que soy todo todo? Esas parejas también soy yo. Y yo también soy el amor.
Aunque me dieron ganas preferí no discutir porque en ese momento nos trajeron la carta del menú y a esas alturas del mediodía yo ya tenía apetito.
- Gracias - le dijo Muchosnombres al maître - vamos a tomar el menú de degustación.
- Buena elección - le contestó obsequioso el maître.
A los pocos minutos se acercó el sumiller con la intención de ayudarnos a elegir un vino.
- Gracias señor - le dijo Muchosnombres - pero ya tengo hecha mi elección. Por favor, tráiganos un "Herencia" de Viña Santa Carolina - y agregó dirigiéndose a mí - te va a gustar, es un tinto chileno muy bien conseguido; una mezcla de cepas Carmenere, Malbec y Cabernet Sauvignon.
Apenas nos empezaron a servir los deliciosos snaks yo volví a la carga con la pregunta que Muchosnombres no me contestó en nuestra primera conversación. Ya me sentía más en confianza con él y, directamente, mientras probaba las "Nueces de Macadonia al Azafrán", le pregunté si él era realmente Dios.
- Digamos que soy algo parecido a lo que algunas personas llaman vulgarmente Dios. Aunque debes saber que a lo largo de la historia me han llamado con muchos otros nombres, como por ejemplo El Altísimo, Allah, Jeovah, Señor, El Eyón, Divinidad, Elohim, El Olam, El-Roi, El Shaddai, Jah y, en fin, de decenas de maneras más. 
- En realidad el nombre es lo de menos, yo lo que quiero saber es si eres Dios con mayúscula.
- De alguna manera sí, pero no lo que la mayoría de los seres que pueblan este minúsculo planeta entienden por Dios.
- Es difícil para mí creerte - exclamé moviendo negativamente la cabeza.
- ¡Jajajá!. Es probable que te falte fe, como dicen quienes no pueden explicar lo inexplicable.
- ¿Sabes Muchosnombres? aunque he visto cosas increíbles, sobre todo a magos que me han dejado con la boca abierta, nunca he visto a Dios. Tienes que reconocer que es muy difícil para mí aceptar que eres Dios.
- Entiendo que para ti sea difícil creerlo. Pero te repito, no soy lo que la mayoría de los seres humanos entienden por Dios.
"Es muy fuerte lo que me está pasando; quizás esté realmente conversando con Dios", me dije a mí mismo.
- ¡Mmmm! estos "Tuétanos con caviar" están soberbios - exclamó eufórico Muchosnombres mientras degustaba una tapa - E inmediatamente me soltó -  
Oye, si te sientes incómodo conmigo dímelo ¿Quieres que todo esto no te haya sucedido nunca? ¿O prefieres que hablemos de otra cosa? ¿Te gusta el fútbol?
- No se trata de eso Muchosnombres; tampoco hay que ser tan absoluto.
- Vale vale. Come, se te va a enfriar la comida.
- Perdona que insista Muchosnombres, pero a ver si me aclaro. ¿Por qué tengo que creerle a un fulano que se me acerca en un parque y que de buenas a primeras me dice que es Dios o algo semejante a Dios?
- Te lo dije porque tú me lo preguntaste.
- Es verdad. Además no entiendo porqué acepté hablarte. Recuerdo que el día del parque, incluso, andabas con muy mala pinta.
- Sí, mi traje estaba desplanchado y con la ropa desplanchada todos perdemos mucho. Pero si no quieres creer no creas. Si quieres conocer mi opinión, yo en tu lugar tampoco creería de buenas a primeras.
- ¿Sabes Muchosnombres? Te voy a seguir el juego, hazme una demostración de tu poder.
- ¿Cómo qué, por ejemplo?
- ¿Podrías hacer que este restaurante, con toda la gente que está en él, se traslade a la Antártica?
- ¡Hecho!
Y no había terminado de decir "hecho" cuando me vi en medio de la Antártica, con varios grados de temperatura bajo cero, con un viento de mil pares de narices, en una planicie mitad nieve y mitad hielo, con decenas de miles de pingüinos junto a nosotros. Y un poco más lejos, varios lobos marinos descansando panza arriba.
- ¡Coño! ¡Vale! Es suficiente. Por favor volvamos a Madrid, que de lo contrario nos vamos a congelar. Además mira, se han subido a nuestra mesa tres pingüinos de ojo blanco y están picoteando el pan.


(Continuará)


Nota: 
Si quieres dar tu opinión o hacer alguna sugerencia o consulta, pincha el titular que hay debajo de la fecha. En la parte inferior se abrirá una ventana y allí podrás escribir lo que quieras.















lunes, 24 de enero de 2011

Conversaciones con Muchosnombres

Conversación Nº 1.
Cómo conocí a Muchosnombres.
Enero de 2011.


Estaba sentado en el Parque del Retiro, observando a los videntes y titiriteros, cuando un extraño personaje, pobremente vestido, se me acercó. Al principio yo creí que era un vagabundo que quería pedirme una moneda. Pero no fue así. Lo que quería era sentarse y conversar.
- Buenos días, amigo - me dijo en forma cortés.
- Buenos días - le contesté yo.
- ¿Puedo sentarme junto a ti?
- Sí, por supuesto, los asientos del parque son públicos.
- Hace buen día ¿verdad?
- Sí, es un bonito día de invierno.
- Y a pesar de ser invierno, el parque está hermoso. Yo voy mucho a los parques porque me gusta donde la gente pueda pasear. Juego a adivinar las historias de vida que cada uno de los paseantes llevan a sus espaldas.
- La verdad es que a mí, más que mirar el parque, también lo que más me agrada es observar a la gente. Y concuerdo contigo, también en algunos casos me imagino las historias de sus vida.
- Me llamo Muchosnombres - me dijo y estiró su mano para saludarme.
- ¿Muchosnombres? ¿Es un nombre Muchosnombres?
- Bueno, por lo menos es mi nombre. Aunque la verdad, debo reconocer que no es un nombre muy común, pero uno puede llamarse como quiera ¿Verdad? -
Y terminó riendo.
Reconozco que aunque era una persona que acababa de conocer, a esas alturas de la conversación me di cuenta que Muchosnombres me empezaba a caer bien. Había algo en él que lo hacía interesante, que denotaba experiencia vital. Parecía ser un "alma vieja", como dice una amiga mía.
- Tienes razón - le contesté - conozco gente con nombres raros, como por ejemplo Eustorgio, Uldarico, Invención. En fin, el tuyo es otro más.
- Lo dices porque la mayoría de la gente se llama María, Pedro o Ana.
- Sí, o también Marilyn o Brigitte - contesté pensando en Marilyn Monroe y en Brigitte Bardot . Y agregué - ¿Y cuál es tu apellido?
- No tengo apellido.
- ¿Cómo que no tienes apellido? Todo el mundo tiene apellido.
- Yo no tengo.
- Pero tendrás un padre y una madre que sí tendrán apellidos y sus apellidos son los tuyos.
- Lo que pasa es que no tengo ni padre ni madre.
- ¡Ah! Entonces eres huérfano. Pero alguien te habrá adoptado y te habrá dado sus apellidos.
- Si te refieres a padres adoptivos, tampoco tengo.
- Pero de alguna parte habrás salido, digo yo. 
- De ninguna parte; soy todas las partes.
- ¿Cómo de ninguna parte? ¿Dónde naciste?
- Yo no he nacido; he existido siempre.
- ¡Vamos! ¿Te quieres quedar conmigo, Muchosnombres?
- No me quiero quedar contigo. Te repito que no he nacido nunca ¿Por qué no me crees?
- Porque lo que me dices es increíble. Que yo sepa todos los que poblamos la tierra hemos nacido alguna vez; aunque quisiéramos, nadie puede existir siempre. No se puede existir siempre. Hasta las moscas y los pingüinos, para existir primero deben nacer. Y luego, a su debido tiempo, morir, como también a mí me sucederá.
- Tú, las moscas y los pingüinos sí nacen y mueren, porque para ti, para las moscas y para los pingüinos transcurre el tiempo, pero para mí no.
- Vale, suponiendo que es así, que no naciste. Entonces dime ¿Cuándo empezaste, digamos, a existir?
- Ya te dije que he existido siempre. Y además, para complicarte más las cosas, te aseguro que no me extinguiré nunca.
- Pero ¿Cómo puedes engañar al tiempo?
- Yo no engaño al tiempo, simplemente porque el tiempo no pasa para mí. Para ti y para todos, y para todo lo demás, sí pasa el tiempo. Es difícil de creer y entender pero es así, porque yo soy todo siempre. Todos y todo están contenidos en mí. Incluso tú.
- ¿Y eso qué significa?
- Que para mí siempre es presente. De alguna manera también yo soy el tiempo.
- No lo entiendo.
- No te estrujes los sesos amigo, porque ni siquiera Platón, ni Einstein, ni Hawking, ni Penrose ni muchos otros científicos y pensadores, aunque lo han arañado, no lo han llegado a entender. Y perdona mi franqueza, pero te aseguro que estás muy pero muy por debajo de ellos. ¡Ejem! me refiero a coeficiente intelectual.
- Eso lo sé. Creo que tengo apenas un coeficiente intelectual de 120. 
- Hombre, tampoco es de los peores.
- Muchosnombres, si me lo permites volvamos a empezar. Y ahora hablemos en serio. Tú habrás nacido en alguna parte: en una ciudad, en una villa, en un hospital, en una casa, en un taxi. Incluso conozco a una mujer que nació en un avión.
- Ya te dije que yo no he nacido nunca, que he existido siempre. Y eso de "alguna parte" tampoco va conmigo porque yo soy todo.
- ¿Cómo de todo?
- ¡Todo!
- ¿Todo todo?
- Sí, todo todo, todo completo, todo para todos lados. Para mí no hay arriba ni debajo, ni delante ni detrás, ni más allá ni más acá, ni antes ni después. Yo soy todo todo y siempre siempre.
- A ver si nos entendemos ¿Pretendes decirme que eres Dios, lo que vulgarmente llamamos Dios?
- ¡Ya tenía que salir el dichoso término!
- Pero ¿Eres o no eres Dios?
- ¿Sabes? Esa pregunta te la contestaré en otra ocasión que nos veamos.   
- Pero ¿Por qué no me contestas ahora? No me dejes con la duda, como cuando terminan un capítulo en las teleseries y lo dejan a uno preguntándose qué irá a suceder en el próximo.
- Sé paciente. ¿Te parece que nos veamos el próximo miércoles a las dos de la tarde en el restaurante "La Terraza del Casino", en Alcalá 15?
- ¿A comer?
- Sí, a comer. El asesor gastronómico es Ferrá Adriá. Me gustaría ver qué tal está esa cocina. Me han comentado que el menú de degustación está muy bien. El conjunto de postres se llama "Pequeñas locuras" y aseguran que es delicioso.
- ¿Pero tienes idea de lo que cobran allí por un almuerzo?
- Descuida amigo, Dios proveerá - me dijo con sorna haciéndome un guiño con su ojo derecho y riéndose a carcajadas en mis narices. Y agregó burlón:
- ¡Ah! Aunque no es necesario que te pongas corbata, sí es conveniente que vayas con traje.-