domingo, 27 de mayo de 2018

Adiós, Frida, adiós.

Entrada 52

Valentino, de pie, no dejaba de mirar a esa mujer extraordinaria, de un metro y sesenta centímetro de estatura y que, durante su existencia, sufrió más de 30 operaciones importantes. Incluso, en un momento de su vida, en 1953, debido a una gangrena, tuvieron que amputarle una de sus piernas. El periodista sabía, entre otras muchas cosas cosas, que Frida había vivido 47 años. Estaba informado que había nacido en 1907 y, también, que fallecería en 1954, en su casa de Coyoacán, supuestamente debido a una embolia pulmonar. Pero todo eso Valentino no se lo podía revelar. No podía contarle ni prevenirla de acontecimientos que le sucederían a la pintora a lo largo de su vida. Era una petición que Muchosnombres le había exigido cada vez que emprendían un viaje en el tiempo, y que el periodista había cumplido a rajatabla. Pero, extrañamente, en esta ocasión, Valentino presentía que Frida podía leerle o, probablemente, visionar su propio futuro y, acaso, hasta sabía que viviría menos de cincuenta años, razón por la que, a pesar de sus limitaciones, intentaba acelerar la velocidad de sus quehaceres.

Esta circunstancia llevó a Valentino a pensar: "¡Qué lástima que una mujer con tanto talento como ella haya vivido tan pocos años!".  Para consolarse, remató su divagación razonando que la mayoría de los seres humanos que nacieron hasta el siglo diecinueve habían vivido menos de 47 años.

A Frida le tocó vivir en el siglo veinte, una centuria convulsa, en el que habían sucedido hechos extraordinarios. En 1903, una mujer conocida por madame Curie, recibió el Premio Nobel de Física junto a su marido y al físico francés Becquerel. Ocho años más tarde, en 1911, madame Curie obtuvo un segundo Premio Nobel, esta vez el de química, por el descubrimiento del Polonio y el Radio. Además, junto con su marido, inventó el primer aparato de radiografías. También estallaron dos guerras mundiales que, aparte de los millones de heridos, causaron la muerte de casi cien millones de seres humanos. En 1928 Alexander Fleming descubrió la penicilina. La ciudad de París albergó movimientos pictóricos como el cubismo, que hicieron que la llamada "Ciudad Luz" se transformara en el centro artístico del mundo. En los años treinta inventaron las primeras computadoras de la historia, precursoras de lo que más tarde serían artefactos analógicos y digitales, concebidos para crear, almacenar y transmitir contenidos. En la década de los cuarenta el hombre creó la bomba atómica, y los días 6 y 9 de agosto de 1945 lanzaron los primeros dispositivos nucleares sobre las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki. El 24 de octubre de 1945, representantes de 50 países fundaron las Naciones Unidas. En 1956, Fidel Castro y 81 hombres más desembarcaron en cuba y comenzaron una guerrilla que, años más tarde, cambiaría la historia de Cuba e influiría en gran parte de América Latina. En Alemania irguieron el llamado "Muro de Berlín". En octubre de 1957 los soviéticos lanzaron al espacio el Sputnik, el primer satélite artificial. En 1960 se realizó la primera conexión entre computadoras, que luego daría origen a Internet, una red de redes, mediante la cual miles de millones de seres humanos en la actualidad pueden comunicarse entre sí al instante. En mayo y junio de 1968 tuvo lugar una larga concatenación de protestas que se denominaron "el mayo francés". El 21 de julio de 1969 los astronautas Armstrong y Aldrin fueron los primeros hombres en caminar sobre la superficie lunar. En noviembre de 1989 comienzan a derribar el Muro de Berlín. En Europa, en noviembre de 1993, Alemania, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo e Italia, crearon la  Unión Europea. En la década de los ochenta los biólogos comenzaron a trabajar en la decodificación del genoma humano, que fue conseguida en abril de 2003. Y, con muchos otros hecho importantes, se cerró el siglo.

Los años vividos por Frida fueron apenas 47, la mayoría de los cuales los vivió con mucho dolor, sufriendo y sorteando muchos contratiempos y desdichas. Tenía sólo seis años cuando una poliomelitis que la tuvo al borde de la muerte le dejó importantes daños físicos que la tuvieron maltraer; entre otros estragos le dejó una pierna defectuosa. Tras varias operaciones y gracias a las técnicas y aparatos ortopédicos propios de esa época, superó parte de sus minusvalías y logró salir adelante.

Pero si la poliomelitis fue un golpe desgarrador, un día aciago de 1925, cuando estaba en lo que algunos llaman "la flor de la edad", el malvado señor Destino la esperó agazapado en una calle de la ciudad de México, y el autobús en que viajaba colisionó contra un tranvía. Ese terrible accidente la dejó en coma y le produjo múltiples lesiones secundarias, como las fracturas de la columna vertebral, de la pelvis, de varias costillas y de la clavícula. Y le dejó la pierna y el pie derecho hechos puré. Estuvo meses internada, tiempo durante el cual le practicaron numerosas operaciones. Ese desastre la mantuvo semiparalizada durante mucho tiempo y, las secuelas, las sufrió hasta el final de sus días. Pero también por esta razón, para poder superar el aburrimiento que le causaba estar prisionera en su propio cuerpo lacerado, cubierta de corsés de, fue que empezó a pintar.  

Fue en 1926 cuando realizó su primer cuadro: un autorretrato que dedicó a su novio Alejandro Gómez Arias quien, además la acompañaba en el grave accidente. Desde entonces pintó alrededor de 200 obras, y en cada uno de sus cuadros volcó todos sus sentimientos, sus ilusiones y sus sueños.

Inesperadamente Muchosnombres interrumpió el silencio de Valentino. telepáticamente le informó que se trasladarían a comienzos de julio de 1954, a pocos días de la muerte de la singular artista.
- De este modo Frida podrá contarte algunas de las cosas que ha hecho en su vida y que pueden ser interesantes para tus lectores.

Fue en estas circunstancias que ella abrió su corazón al periodista y le narró detalles realmente interesantes para el tipo de lectores del medio para el que Valentino hacía estas entrevistas de personajes que ya no existían.

En la entrevista que mantuvo Valentino con Frida, que más que una entrevista fue un diálogo, ésta le habló de su madre, llamada Matilde Calderón, y de su padre Guillermo Kahlo, inmigrante alemán; y de sus hermanas Cristina y María Luisa.      

También recordó algunos de sus amores importantes, y hasta algunos de sus amoríos. Aunque Frida tuvo muchos amores, los más significativos fueron León Trotsky; el médico Diego Eloesser; el fotógrafo Nickolas Murray; el pintor catalán Josep Bartolí, a quien Frida llamaba "Sonja" para despistar a Rivera; el escultor Isamu Noguchi; el coleccionista de arte judío alemán Heinz Berggruen; y hasta la fotógrafa Tina Modotti.

A pesar de ser como era en cuestiones del corazón, su gran amor fue el muralista Diego Rivera. Quizás por eso se casó dos veces con él. La primera vez fue en 1929, cuando apenas tenía 22 años, pero tras descubrir Frida la relación de Diego con su hermana Cristina, en noviembre de 1939 se divorciaron. Sin embargo, un año después, se casaron por segunda vez. Es posible que la toxicidad de esta relación los hiciera felices. Fuera o no así, lo cierto es que Rivera fue un hombre que marcó su vida y con quien vivió una relación de dulce y agraz, que ahora podríamos denominar "abierta". Probablemente al muralista le sucediera otro tanto. Cuando la pintora murió, al parecer Diego se dio cuenta de lo mucho que había perdido, y que su amor con Frida había sido lo más importante que le había sucedido en su existencia.

Una tarde, mientras charlaban, Frida le pidió a Valentino que le mostrara las palmas de sus manos. A regañadientes el periodista se las acercó. La artista las acarició y las observó atentamente. Deslizó sus ojos y sus dedos por los surcos y por las colinas de esas manos grandes y algo toscas; especialmente por las líneas de la cabeza, de la vida, y del corazón. Finalmente con su dedo índice llegó hasta el Monte de Venus y lo acarició. Al hacerlo, Frida lo miró profundamente a los ojos y le sonrió como se hace con un cómplice con el que se comparten secretos. Quizás pensó, que en otras circunstancias, el periodista podría haber sido un buen amante.

Fue entonces cuando Valentino comprendió que la visita llegaba a su fin. Repentinamente, Frida, su habitación, todo, hasta las propias manos de Valentino comenzaron a disolverse y, en un abrir y cerrar de ojos, el periodista apareció en el salón de su casa de Madrid. Se acercó a un espejo y vio cómo, de la nada, su propia figura comenzaba a aparecer en el cristal plateado.

Pocos días después del encuentro con Muchosnombres y Valentino, el 13 de julio de 1954 , en Coyoacán, el señor Destino le ponía la zancadilla final a la vida de la extraordinaria Frida. Tenía 47 años cuando expiró. Sus restos fueron incinerados y permanecen en su "Casa Azul".


sábado, 29 de octubre de 2016

Encuentro con Frida Kahlo

Entrada 51

Fotografía realizada por Aquiles Torres


- Valentino ¿quieres que el viaje sea instantáneo o prefieres tener conciencia, aunque sólo sea durante algunos minutos, que estás viajando en esa entelequia que tú llamas tiempo? - preguntó Muchosnombres al periodista.

- Preferiría experimentar la sensación de viajar en el tiempo, igual como hicimos cuando visitamos Egipto para reunirnos con al faraón Akenatón y la reina Nefertiti - le contestó Valentino.
- Entendido. Pero ¿sabes?, te lo voy a hacer más divertido aún; a tu experiencia le voy agregar algunas vivencias de tu vida que me consta que no recuerdas.

Nada más responder que "sí", Valentino percibió algo parecido a un agradable y suave zumbido. Su departamento y todo lo que había dentro, desde el mobiliario y hasta un mango maduro que estaba a medio pelar, casi a punto de ser zampado, comenzaron a diluirse en la nada. 

Como Muchosnombres se lo había advertido, Valentino comenzó a visionar instantes de su propia existencia que, en algún momento de su vida, se habían disuelto en su memoria. A continuación percibió una intensa mezcla de sensaciones táctiles, imágenes, colores, sonidos, aromas y hasta sabores que no recordaba, pero que le ayudaron a entender muchas de las incógnitas que lo habían envuelto, sobre todo, en los últimos años.

También, en tropel, aparecieron personas a la que jamás había visto, vestidas con atuendos extrañísimos, pero que sintió que eran parte de él. Probablemente eran antepasados suyos quienes, aunque no conocía, formaban parte de su cadena genética. Asimismo afloró a su consciencia una secuencia de relámpagos sensoriales: sonrisas, lágrimas, muecas, y latidos del corazón. Supuso que todos estos episodios siempre habían estado allí, medio encendidos como las cenizas de los braseros. Había bastado un suave soplo de Muchosnombres sobre esas vivencias para que se esparcieran como fuegos artificiales por su cerebro y lo hicieran reír y llorar.

Valentino no fue capaz de calcular cuánto duró toda esa extraordinaria síntesis de estímulos, pero le pareció que había sido toda una vida. Quizás había tenido la suerte de volver a vivir una parte importante de su propia existencia. Porque ¿cuánto dura una vida? ¿Sólo la suma de lo importante que nos ha sucedido que, por serlo, somos capaces de recordar? Naturalmente una vida es mucho más que esa simple adición de muescas en nuestra corteza cerebral. Y esta era la circunstancia que Valentino, gracias a Muchosnombres, había tenido la suerte de experimentar.

Finalmente, cuando se extinguió ese regalo de vivencias, Valentino se encontró en México, en Coyoacán, de pie en la esquina de la Casa Azul, acompañado de Muchosnombres y del señor Destino. Sin pensárselo dos veces entró como un autómata por la puerta, dirigiéndose hacia el Sancta Sanctorum, la recámara donde Frida descansaba y soñaba. Allí, a un costado de la habitación, estaba el catre antiguo, con dosel, que el informado periodista conocía por fotografías en blanco y negro que había visto en libros y en Internet. Aunque se lo había imaginado más grande, el impacto fue igual. Le pareció un altar de una divinidad. Cuando la divisó a ella vestida sobre la cama, con un vestido blanco bordado con figuras de pájaros de colores, casi le estalló el corazón de emoción. Se fijó que en la madera superior del dosel, encima del lecho, un espejo repetía su enigmática figura. Extrañamente, en el espejo su imagen parecía flotar ingrávida en un espacio en el que ella era el centro del universo. Frida era tal cual Valentino la había imaginado. No bella, pero sí intensamente atractiva. Quiso decirle algo, pero antes de abrir su boca Frida lo miró con sus ojos oscuros, enmarcados por las originales cejas que había visto decenas de veces en sus fotografías y en sus autorretratos. Se sintió saeteado hasta el punto de quedar unos segundos sin reaccionar. Para escapar de esos ojos hipnotizantes se centró en sus labios pintados con un carmín de un tono rojo marrasquino. Lo cautivaron tanto, que deseó besarla.

- Sabía que vendrías - le dijo Frida con un mohín de coquetería.

En ese instante se acercó el señor Destino quien, con una sonrisa enigmática dibujada en su cara le urgió: "Pregúntale ¿cómo podía saber ella que vendrías?". El periodista lo hizo, y la respuesta de Frida fue misteriosa:

- Estaba escrito en mi destino. Recibo señales que pocos seres humanos solemos percibir. Dicen que es un don que tengo. La mayoría de las veces advierto con días de anticipación lo que me sucederá. Vienes del futuro ¿verdad?

Su afirmación y su pregunta lo dejaron estupefacto. Se sintió atrapado, como si hubiera estado cometiendo una falta. De inmediato miró al señor Destino a quien la sonrisa se le había transformado en una mueca de vanidad. Le costó varios segundos rehacerse. No sabía qué contestarle a la mujer. Al final prefirió no mentirle y asintió con la cabeza. Frida se sonrío y exclamó:
- ¡Pocas veces me equivoco!

Al percatarse que el espejo le había llamado la atención al visitante del futuro, le contó que su madre lo había hecho instalar allí tras el terrible accidente que sufrió en el autobús que la traía de regreso de la Escuela Nacional Preparatoria. El percance fue devastador. La dejó postrada, casi sin movimiento, durante varios meses. Y con secuelas importantes para toda la vida. Al ver su imagen reflejada, Valentino pensó que, probablemente, el espejo lo utilizaba como una especie de pantalla de cine que no sólo le mostraba su propia imagen, a veces más triste a veces más contenta, sino que talvez a través de él podía percibir otras dimensiones.

Y como si hubiera adivinado lo que Valentino estaba pensando, le comentó:
- Muchas veces, utilizando este espejo, me escapo hacia otros mundos. Mundos en los que puedo correr, volar y amar hasta quedar saciada de aventuras y caricias. ¿Sabes, amigo del futuro? ¡Me encanta sentir una mano recorriendo mi piel! ¿Hay algo más humano que una caricia?

Como no podía hacer fotografías ni grabar vídeos, Valentino siguió escudriñando la habitación para no olvidar los pequeños detalles. Quería llevarse la mayor cantidad de imágenes para poder hacer más interesante para sus lectores su encuentro con Frida. Se detuvo en la cabecera de la cama donde había varios retratos, entre los que destacaban los de Lenin, Stalin y Mao Tse Tung, a quienes, comentó, admiraba. También había una interesante colección de muñecas con sus cabezas, sus brazos y sus piernas descoyuntadas,
 sueltas sin concierto, unidas al cuerpo apenas por unas pocas puntadas de hilo.
- Son hermosas ¿verdad? - le platicó la artista con los ojos muy abiertos, y agregó - Las tengo desde niña. Me gustan porque las encuentro parecidas a mí. Ellas están apenas unidas a sus torsos por unas cuantas hilachas, como yo por este corsé y estos hierros que me ayudan a mantener mi cuerpo en su lugar.  

lunes, 11 de enero de 2016

Valentino y Violante se confiesan su amor

Entrada 50


Fotografía realizada por Aquiles Torres


     Aunque Valentino conocía casi de memoria el cuerpo desnudo de Violante, una vez más, al ver el horizonte de sus caderas y la colina de su pubis que lindaba con el maravilloso sexo de la muchacha, experimentó un sorprendente estremecimiento de placer que le recorrió la columna vertebral y que se quedó anidado, latiendo, en su cerebro. Entonces rompió el silencio y en un tono muy bajito, le dijo a la guapa mujer:
- Princesa, tu sexo me recuerda a unos pastelillos que solía comer a escondidas en mi infancia.
- ¿Te gustaban esos pastelitos de tu niñez?
- Me encantaban. Y más aún cuando estaban coronados con nata y con una tentadora cereza al marrasquino equilibrándose encima de la crema. En la casa de mis padres siguen haciéndolos para las fiestas familiares especiales, y yo sigo yendo a la cocina, a escondidas, a hurtar alguno, como lo hacía cuando era pequeño.
- ¿Qué sabor tienen?
- Tienen una mezcla de sabores. Es el resultado de la combinación de la masa de hojaldre, de la canela, del azúcar, de unas gotas de aguardiente, de una pizca de miel, de la crema y de la cereza al marrasquino.
- ¿Y si te dijera que mi pastelito es mejor? – lo desafió Violante guiñándole sus grandes ojos, como de un hipnotizador oriental, que lo invitaban a degustar una especia secreta.

La sutil insinuación de la mujer hizo que Valentino se sintiera más atrapado y seducido aún en la tela sensual que minutos antes había comenzado a tejer con ella. Ambos sabían que en las contiendas amorosas, lo que más les seducía era el juego previo que antecedía a los maravillosos estertores finales que, casi siempre, los hacían perder el sentido.

- ¡Mmm! Estoy seguro que el tuyo es mejor.
- Debes probarlo una vez más para que puedas comparar.
- Naturalmente que lo voy a hacer. Tengo muchas ganas de jugar con ese botón rosado que se asoma en esa golosina – dijo Valentino, y ambos se rieron en forma cómplice.
- Hazlo, pero muy suave, porque es el punto donde se concentra más placer.
- Descuida, así lo haré. Iré poco a poco hasta llegar a la cereza al marrasquino, que suelo siempre dejarla para el final.
- Hazlo como quieras, pero por favor, comienza ya porque estoy ardiendo.

Valentino continuó recorriendo con sus manos el cuerpo de la bella mujer. Mientras reptaba sobre las colinas de sus pechos y la pradera de su vientre, pensó en lo afortunado que era y, lo más importante, que esta vez estaba seguro que lo que sentía por ella era amor de verdad; no sólo deseo. Luego exclamó: 
 
- Dios mío ¡qué bella eres!
- Y también soy sabrosa. ¡Ah! y no olvides la frutita – le recordó ella con un mohín de picardía en sus ojos.
- Princesa, por nada del mundo dejaría de saborearla.
- Es lo que ahora mismo más deseo que hagas, mi capitán. Aunque también quiero que este preámbulo maravilloso sea eterno. Ahora mismo me siento ingrávida. Estoy flotando. Me siento feliz. No necesito nada ni a nadie más que a ti.
- También yo estoy volando, pequeña.
- Anda, apriétame fuerte. Aplasta tu pecho contra los míos.
- ¡Qué deliciosos son!
- Y ahora restriega mi piel con tu cuerpo y acaricia mi cuello con tus labios.

Pero la frase se quedó suspendida en el aire porque Valentino le cubrió, suavemente, sus labios con los suyos.
- Mientras me besas me gusta percibir tu olor.
- ¿Mi olor?
- Sí, tu olor ¿Sabes que cuando pienso en ti lo primero que me viene a la memoria es tu olor?
- ¿Por qué mi olor?
- Porque tienes un olor especial, único. Es como si en tu piel se hubieran anidado las esencias de tus viajes, de tus experiencias en guerras, de tus entrevistas imposibles, de tus relatos maravillosos, de tus sueños, de tus dolores y también de tus alegrías. Por eso, cuando estás lejos y quiero traerte a mi lado, pienso en el aroma de tu cuerpo. Sólo después de percibir tu olor se me aparece tu imagen, tus ojos, tu sonrisa, tus músculos; luego oigo tu voz ronca. Una voz, que cuando hacemos el amor y me susurras al oído palabras y frases tibias y tiernas, me hace desfallecer de placer.
- ¡Qué casualidad! a mí también siempre me ha gustado tu olor, Violante.
- Probablemente sea el perfume que suelo llevar siempre, el mismo desde que era adolescente. Valentino, quiero que sepas que para mí tú eres un ser humano singular y que me gusta casi todo de ti.
- ¿A pesar de ser tan diferentes?
- Talvez te amo porque somos tan diferentes. Aunque quizás lo que más me enardece son tus manos grandes, más oscuras que las mías, surcadas de venas, como raíces que terminan entrelazadas en tus dedos.
- Mis manos son muy toscas, princesa. Me han dicho que tengo las manos típicas de un hombre brusco.
- Yo no las noto toscas ni bruscas; las percibo vigorosas, llenas de fuerza. Cuando me acarician, siento que toco el cielo y todos los vellos de mi cuerpo se me erizan.
- Eres muy generosa conmigo, pequeña.
- No es generosidad, es sólo la verdad. Puede que sea  culpa del amor que siento por ti.

Valentino no recordaba que antes se hubieran sincerado de ese modo. Algunas de las cosas que Violante le estaba expresando, las intuía. Pero oírlas enunciadas por ella en una ceremonia tan íntima era otra cosa. Era la confirmación de que la muchacha también lo amaba y lo necesitaba tanto como él a ella.

Valentino era un hombre que quizás la vida, como a muchas otras personas, lo había transformado en un ser humano especial. Era hijo de una familia relativamente acomodada. Nada más llegar a su adolescencia se inclinó por una opción política y comenzó a apoyar causas sociales a favor de minorías desvalidas. Pero sólo después de sus viajes como reportero en zonas en conflicto, tras ver y vivir los estragos de la guerra, fue cuando se convenció que debía luchar por un mundo más justo. No fue necesario que nadie le hablara de desigualdad, de abusos y de tropelías, porque en medio de las catástrofes y calamidades causadas por los hombres le había tocado vivir días y semanas en situaciones límites con los más pobres y desvalidos. Fue testigo de lo peor que los seres humanos son capaces de hacer cuando se transforman en bestias. Sus primeros viajes fueron muy duros. Tanto, que cuando regresaba a España, durante el día volvía a su normalidad, pero durante las noches los infiernos en la tierra regresaban a él y no le daban respiro. En sueños volvía a ver mujeres, niños y ancianos mancillados y masacrados gritando piedad. Poco a poco entendió que debía hacer algo más que denunciar esos avernos. Fue entonces cuando, entre otras cosas, comenzó a cooperar activamente con una organización no gubernamental creada por Violante. Así fue como, después de muchos años, se reencontraron.

Violante, en cambio, era una mujer que había nacido en “cuna de oro de 18 kilates”. Sin embargo, a pesar de pertenecer a una minoría privilegiada que le permitió recibir una educación en los mejores centros de enseñanza de diferentes países; que había heredado y acrecentado un gran patrimonio formado por bienes inmuebles, acciones, empresas, y obras de arte; y que sus amigos más íntimos formaban parte de los grupos más influyentes, no se sintió feliz del todo hasta que comenzó la relación con Valentino, a quien ella, a veces, llamaba “capitán”. Desde el comienzo Valentino percibió que la “princesa” se sentía sola, que necesitaba un hombre que fuera su cómplice, no sólo para hacer el amor en citas secretas, sino también para sentir que tenía a su lado una persona capaz de dar hasta su vida por ella. Y el periodista había acertado. Ella, la importante mujer que solía moverse en los saraos sociales y culturales más importantes y que, además, aparecía en los medios de comunicación como un ejemplo a seguir, lo que más necesitaba eran unas simples caricias, que le dijeran cosas hermosas en la intimidad y que le expresaran con convicción: “daría mi vida por ti”. También necesitaba sentir abrazos auténticos y latidos de otro corazón que retumbaran en su pecho, sobre todo en las noches en que se sentía vulnerable.

Valentino acercó aún más su cuerpo al de ella y continuó acariciándola con sus hábiles dedos. Sin urgencia fue recorriendo su cuerpo, y con delicadeza extrema fue acercándose a la zona de la boca del volcán que contenía en su interior de fuego un pequeño rubí tornasolado.

- Sigue…sigue – suplicaba ella bajito mientras Valentino continuaba haciendo arabescos con sus labios en su piel. De este modo, pasó la frontera de su vientre y, sin detenerse, llegó al pubis de la hermosa muchacha.
- Ahí…ahí, quédate un rato ahí, por favor. Tatúame una mariposa con tu boca.

Pocos minutos después, empapados de palabras de amor, con un intervalo de segundos, temblando, llegaron al “país de nunca jamás”.

Los amantes estaban volviendo en sí cuando comenzaron a oír las notas de “La Adelita”. Violante se sobresaltó. Pensó que había entrado alguien al departamento y que, sin percatarse que estaban ellos en el dormitorio, había puesto música en la salita donde Valentino solía trabajar.

- Tranquila, princesa, es sólo mi equipo de música que me avisa que tengo que llamar a México por el reportaje a Frida Kahlo.
- ¿Irás?
- Sí. Ya sabes que necesito estar el lugar en que ha vivido mi entrevistado para poder inspirarme.

Valentino y Violante continuaron jugando y haciéndose caricias durante media hora más. Después, juntos, se fueron a la ducha. Luego la bella mujer secó su cuerpo, se perfumó, repasó el carmín de sus labios, se arregló su abundante cabellera y se vistió.

- ¿Qué te apetece comer? – preguntó el anfitrión.
- Nada, mi amor; debo irme. Tengo una reunión importante. Es por el tema de la ayuda destinada a los refugiados; y tú debes llamar a México.

Apenas la princesa encantada se marchó aparecieron en el departamento Muchosnombres y el señor Destino. Esta vez Muchosnombres tenía la apariencia de un muchacho de unos veinte años.
 
- ¿Eres tú Muchosnombres? – inquirió Valentino.
- Si, es él – aseguró el señor Destino- Se ha cansado de su imagen de chica guapa y ahora su aspecto es casi el de un imberbe.

- Malvado, me preferías como “tía buena” ¿verdad? – le espetó Muchosnombres.
- No es eso, es que me desconciertas. Si todos tuviéramos ese atributo tuyo que cuando quieres te permite ser un día una persona y otro día otra, imagínate la que se armaría en la tierra. Cuando cambias de aspecto, de voz y de personalidad, para mí es como comenzar a conocerte de nuevo ¿Quién eres realmente, Muchosnombres?
- Vamos, déjate de zarandajas y concentrémonos en el “viaje” a la Casa Azul de Frida Kahlo.



miércoles, 17 de junio de 2015

Valentino se da cuenta 
que se ha enamorado de Violante

Entrada 49


Fotografía realizada por Aquiles Torres

     Aunque, aparentemente, durante el viaje a Egipto para Valentino “el tiempo” no había transcurrido,
física y emocionalmente su organismo sí había experimentado un desgaste y un cansancio similares a cuando realizaba esos peligrosos viajes a zonas en guerra, en los cuales a veces pasaba días completos en medio de balaceras, intentando escapar de la muerte, durmiendo a trompicones y, con el añadido, que la posibilidades para alimentarse y asearse eran escasas. Quizás ésta fue la razón por la que, antes de revisar su correo y abrir el contestador automático de su teléfono fijo, prefirió ir a refrescarse a su cuarto de baño. Se desnudó, abrió el grifo al máximo, y cuando la bañera tuvo agua tibia suficiente, se sumergió por completo. Luego cerró los ojos. Permaneció largo rato así, quieto, pensando en lo afortunado que había sido por haber podido vivir esa extraordinaria experiencia en Egipto, con Akenatón, Nefertiti y toda su corte. 


     Luego, como solía hacerlo casi todos los días,  derivó sus pensamientos hacia el concepto “tiempo” que, desde niño, le intrigaba. Tanto, que desde muy joven había leído varias de las teorías postuladas por algunos de los científicos más brillantes de los siglos veinte y veintiuno que, aunque le habían ayudado a aclarar un poco sus ideas, notaba que el pez no terminaba de morder el anzuelo. Era algo similar a lo que le ocurría con el concepto “infinito”. No podía conseguir entender que algo no tuviera principio ni tuviera fin. Cuando mentalmente, como jugando, hacía ejercicios de ir más y más allá, y conseguía llegar a una frontera de una realidad donde parecía que todo terminaba y comenzaba la nada, debía volver a empezar porque no lograba imaginarse la nada. Con la idea de la nada se le complicaban más sus disquisiciones, porque si el infinito y el tiempo eran complicados, la nada lo era tanto o más difícil de entender. Lo que más lograba acercarse era a un “no algo” que podía ser el “vacío absoluto”. Poco a poco se fue quedando en un delicioso estado de duermevela. Finalmente, después de más de media hora reconfortante de agua tibia y juegos mentales maravillosos, se espabiló, salió de la bañera, secó su cuerpo, se echó varias gotas de “Joop” en sus manos y, con sus dedos abiertos, ordenó sus cabellos aún medio húmedos. Le encantaba sentir el aroma de ese perfume alemán, de color púrpura que, aunque no era excesivamente caro, era difícil de encontrar, incluso, en las perfumerías de las zonas libres de impuesto de los aeropuertos. A continuación se puso una bata y se dirigió a su sala de trabajo. Cuando se sentó frente a su ordenador a revisar su correspondencia pendiente de leer, notó que se sentía contento.

     Comenzó leyendo los correos de Violante que no sólo lo hicieron sonreír, sino que también actuaron como un interruptor que le encendió una serie de recuerdos vividos con la bella y elegante muchacha. Releyendo sus mensajes se percató que, definitivamente, no sólo la quería, deseaba y estimaba como había sucedido hasta ahora, sino que, casi sin darse cuenta, sus sentimientos habían traspasado la línea de los terrenos de la amistad profunda hasta llegar a los feraces campos del amor. Cuando leyó la frase “Te necesito; esta tarde quiero estar contigo para que hagamos el amor hasta desfallecer de felicidad” le pareció que también él podría haberla escrito, porque le ocurría algo similar. Con ella conseguía sentirse lleno de ese bien tan escaso que suelen llamar felicidad. Y, como ella, también quería empaparse de placer hasta desvanecerse dentro del cuerpo de la interesante mujer que no sólo exhalaba feminidad por sus ademanes y movimientos, sino que también la envolvía una especie de aura sensual casi mágica. Pero pensó que no sólo la necesitaba para sentir placer; se percató que también la necesitaba para sentirse completo. Advirtió que con ella a su lado no precisaba a ningún ser humano más sobre la tierra; que ella y él, solos en el mundo, podrían comenzar a generar una nueva estirpe. Y esto era una muestra inequívoca que esta mujer magnífica ya no era un simple entretenimiento para él. Era una evidencia que la fruta había madurado y que quizás fuera un error dejarla marchitarse.

     Luego, como contrapartida, leyó un largo mensaje de Michelle en el que la chica mexicana le decía que, aunque lo seguía queriendo, ella había decidido dar por terminada su relación. Algunas de las frases más importantes, decían: “Solo quisiera decirte algunas cosas para que entiendas lo que siento en este momento en que te escribo este mensaje. Primero, que has sido y eres para mí una de las personas mas importantes de mi vida. Que he reído, he llorado y he amado contigo. Que aunque, posiblemente, no le des crédito a estas palabras, esta relación contigo ha marcado mi vida”.

     En otro párrafo agregaba: “Creo firmemente que toda la vida puede cambiar en un segundo; y así me pasó a mí cuando te vi por primera vez en aquella esquina de la Gran Vía de Madrid. Aunque es probable que no nos volvamos a ver, la imagen de los momentos pasados junto a ti jamás los olvidaré, porque han sido inmensamente bellos. Quiero que todo esto permanezca dentro de mi corazón y de mi alma por siempre. Has sido un ser especial, cariñoso y lleno de generosidad. Ésta es la imagen que conservaré de ti”.

     Casi al final venía la saeta mortal: “Te confieso que he intentado seguir esta maravillosa relación como lo había hecho hasta ahora, pero no he podido olvidar que eres un hombre que no sólo vive a miles de kilómetros, sino que además estás, definitivamente, casado con tu profesión. Por otra parte la existencia de Violante que también vive en Madrid, a mí me dolía diariamente.  No podía sustraerme de esta circunstancia. Incluso recordarás que varias veces te pedí que no la nombraras estando yo presente, porque sólo el oír su nombre dicho por ti, me hacia sentir mal y me dolía. Lo entiendes ¿verdad?”

     Y agregaba: “… yo no tengo ningún derecho a pasar sobre ella, ni hacer como si no existiera, ya que no es así. Ella ya estaba en tu vida cuando yo llegué. Además, a pesar de las constantes muestras de cariño que te he dado, percibía que tu sentías que no era suficiente. No has conseguido darte cuenta que era imposible que sintiera como tu querías, porque tú estabas dentro de una relación casi estable y eso hacia imposible que pudiésemos relacionarnos tranquilamente y ser felices ya sea allá o acá”. 


     Michelle terminaba diciendo: “…vuelvo a México. Mi primer amor de adolescencia me ha encontrado en Facebook y quiere que reanudemos lo que nunca debió terminar. Aunque tendré que aprender a amarlo, aprovecharé esta oportunidad, porque así también estaré al lado de mis seres más queridos. Valentino, por el bien de los dos quiero que esto termine antes de que  a mí me cause más daño del que podría soportar. Un abrazo. Michelle”.

     Estaba terminando de leer el mensaje de Michelle cuando sonó el timbre. Valentino fue a abrir y se encontró con una Violante esplendorosa, sonriente y vestida como modelo de una portada de “Vogue”.
- Quería verte y me dije “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña”
- ¿Sucede algo?
- Sí, sucede que quiero verte, estar contigo, que nos abracemos, que tengamos sexo. Necesito tenerte dentro de mí; siento que cada vez me haces más falta. Deseo sentir tus abrazos, tus acaricias y tu calor. Quiero que durante mucho rato me beses suave en los labios, como sólo tú sabes hacerlo.
- Me has adivinado el pensamiento, yo quiero lo mismo – le confesó Valentino.

     Casi con furia comenzaron a besarse. Y así, mordiéndose los labios y entrelazados, se desplazaron hasta caer encima del kilim del salón. Luego de sacarle su vestido, mientras ella permanecía tendida de espaldas ataviada sólo con un body transparente de color negro de “La Perla”, Valentino bajó sus manos hasta su entrepierna, buscó los corchetes disimulados entre los pliegues de la delicada prenda, los desenganchó y la flor de loto rosada del sexo de Violante se abrió en todo su esplendor. 


martes, 12 de mayo de 2015

El e-mail de Violante decía: “Te necesito; esta tarde quiero estar contigo para que hagamos el amor hasta desfallecer de felicidad”


Entrada 48
Fotografía realizada por Aquiles Torres

     Valentino tenía claro que la pregunta más importante que debía hacerle a Tutankamón era la relativa a los entresijos de cómo había podido vencer a la clase sacerdotal de Amón. En casi todos los escritos en que el periodista se había documentado antes de hacer el viaje al pasado se mencionaba lo difícil que había sido para el faraón desplazar al dios Amón e imponer a Atón como Dios único, representado por un disco solar con muchos rayos con forma de brazos. Sin embargo, a pesar de la rigurosidad de las investigaciones realizadas por los egiptólogos especializados en la dinastía XVIII, aún quedaba una serie de zonas oscuras que ahora Valentino tenía la oportunidad de aclarar.

     En cambio el faraón y, sobre todo la reina Nerfertiti, lo que querían era conocer “el mensaje secreto del Dios Atón” que Valentino les había informado que les traía. Ellos lo consideraban un mensajero divino, razón por la que ardían de deseos que esa confidencia celestial se las transmitiera antes de que el aparecido de la nada se volviera a los territorios de la deidad. Su preocupación era lógica: “sin mensajero no hay mensaje”, pensaban. Estaban conscientes que en cualquier momento la comitiva sobrenatural formada por el periodista, Muchosnombres y el señor Destino desaparecería, probablemente, en medio de los mismos rayos de luz que los había traído hasta Tell el Amarna.

     Como es natural, el periodista hubiera querido haber sacado algunas fotos o grabado películas en cada una de sus entrevistas, pero Muchosnombres le había dejado claro que no perdiera el tiempo, que se olvidara de captar imágenes y sonidos, entre otras razones, porque cuando regresaran a Madrid, la cámara y la grabadora seguirían teniendo sólo las imágenes y los sonidos que tenían en el momento de la salida. Y el comunicador, respetuoso de la orden de Muchosnombres; ni siquiera lo había intentado. Por esta razón, hacía denodados esfuerzos por grabar en su cerebro no sólo las respuestas a sus preguntas, sino también hasta los más mínimos detalles de todo cuanto captaban sus sentidos, sobre todo los rostros y las voces de sus interlocutores.

     A medida que pasaron los minutos o las horas de este encuentro increíble, Tutankamón fue detallando lo difícil que había sido conseguir vencer a los poderosos sacerdotes del dios Amón, cuyo poder central estaba asentado en Tebas. Explicó en detalle el plan y la estrategia que diseñó y llevó a cabo, dando claves inéditas que la historia no había registrado, mientras Nefertiti repetía varias veces que sin el poder ancestral que les otorgaba el cargo más importante de Egipto, así como el poder mágico que los egipcios le otorgaban a los símbolos externos como la doble corona, el látigo y el cayado, hubiera sido imposible vencer a la mafia sacerdotal. El faraón pormenorizó las veces que había resultado indemne de intentos de ser quitado de la circulación, especialmente con bebidas y comidas envenenadas, y víboras y escorpiones que manos cobardes y traidoras varias veces habían dejado entre las ropas de sus lechos.

     Durante la entrevista Valentino se percató que la marea de cambios promovida por Akenatón había transformado, incluso, la concepción artística que hasta antes de él existía en Egipto. Ahora los cánticos tenían versos con contenidos más humanistas, que alababan el amor universal; y la pintura y la escultura también habían experimentado cambios bruscos. Hasta entonces, los egipcios solían representar las figuras humanas con las cabezas de perfil y el resto del cuerpo en poses un tanto afectadas y artificiales. Valentino comprobó que esto había cambiado. Incluso Akenatón y Nefertiti acostumbraban a retratarse en posturas informales, en escenas del día a día, como por ejemplo en la intimidad de una estancia jugando con sus hijos. Le llamó mucho la atención una gran pintura mural en la que aparecían Akenatón y Nefertiti con algunos de sus hijos de una manera tan distendida, que le recordó el magnífico cuadro de los Duques de Osuna con sus cuatro hijos pintado por el genial Goya a finales del siglo diecisiete y que, actualmente, se exhibe en el Museo del Prado.

     Apenas Valentino consideró que ya tenía todo el material que necesitaba para su trabajo periodístico, procedió a cerrar la entrevista transmitiéndoles al rey y a la reina el mensaje privado que, aunque inventado por él, les aseguró que se los enviaba el propio Atón. Ambos, convencidos que era un mensaje de su Dios, a medida que lo oían, fueron demudando sus rostros, sobre todo al oír palabras claves como “libertad”, “justicia”, “igualdad”, “infinito” o “eternidad” porque, aunque de alguna forma habían democratizado la sociedad de su tiempo, seguían teniendo ideas que en nuestra época serían consideradas como tiránicas. A pesar de esta circunstancia, ambos hicieron una profunda reverencia a Valentino y juntos volvieron a la gran sala donde permanecían Muchosnombres y el señor Destino festejando con el resto de la familia real y con los dignatarios más poderosos de Egipto. Fue entonces cuando los tres viajeros del tiempo fueron envueltos por una luz cegadora que refulgía más que el mismo sol, y que se los llevó en un torbellino fosforescente hacia una dimensión desconocida para los anfitriones. De nuevo, como en el momento de su aparición, todo sucedió de forma tan repentina y espectacular que dejó a todos profundamente impresionados y desconcertados, tanto, que ni siquiera alcanzaron a decir “adiós”.

     Al mismo tiempo, Valentino, Muchosnombres y el señor Destino aparecieron en Madrid, en el mismo lugar y a la misma hora a la que habían iniciado “el viaje”. En el despacho donde el comunicador solía trabajar estaba todo igual, como si nunca se hubiera marchado a viajar a través del tiempo. Al principio dudó, pero luego consultó el reloj de su ordenador y comprobó que era la misma hora de la “partida” del viaje al pasado del Egipto del faraón Akenatón. El ordenador continuaba abierto y en su pantalla había diez mensajes que esperaban ser leídos. Entre ellos uno de  Michelle y dos de Violante. Primero abrió los correos electrónicos de Violante. El mensaje de su amiga con ventaja era muy escueto y sólo decía: “Tengo ganas de ti”. Valentino sonrió y abrió el segundo. Éste era mucho más explicito: “Te necesito; esta tarde quiero estar contigo para que hagamos el amor hasta desfallecer de felicidad”.




domingo, 22 de febrero de 2015


Nefertiti parecía de una belleza tan actual que Valentino se la imaginó entrando a la tienda Hermés de la exclusiva calle Ortega y Gasset 
de Madrid, ataviada con jeans, camisa de lino celeste, y chaquetilla torera corta, 
de piel negra

Entrada 47

Fotografía de una momia egipcia realizada por Aquiles Torres 
en el Museo Arqueológico de Madrid 


     Finalmente el faraón Akenatón se incorporó, pero continuó con su cabeza gacha y con sus ojos cerrados ante la presencia de los visitantes que él creía que venían del reino del Dios Atón. Era una muestra inequívoca de sumisión. Valentino no le volvió a dar ninguna orden, porque sintió una especie de vergüenza ajena al comprobar que, incluso hasta los más poderosos, inclinan la cerviz y se humillan ante aquellos que consideran más poderosos que ellos.

     El periodista se mantuvo en silencio y aprovechó a observar detenidamente al rey de Egipto. Comprobó que casi todas las descripciones físicas que había leído acerca de él eran acertadas. Pensó que si hubiera que describirlo físicamente con dos palabras hubiera sido “poco agraciado”. Tenía un cuerpo con rasgos femeninos que, calculó, no superaría el metro y sesenta y cinco centímetros. Lucía completamente depilado y con un maquillaje hábilmente trabajado. Desde su cintura hasta sus rodillas vestía una falda blanca de lino muy fino. Sus caderas eran amplias, la cabeza alargada, los labios carnosos y la nariz prominente. Sus piernas eran tan flacas que Valentino pensó: “Cómo esas piernas, aparentemente tan débiles, pueden soportar su cuerpo; son más delgadas que mis brazos”. En su torso desnudo resaltaban unas tetillas hinchadas que parecían más bien unas tetas menudas, del tamaño que las tienen las jóvenes adolescentes cuando comienzan a ser mujeres. Valentino se imaginó que, probablemente, el faraón fuera hermafrodita. El periodista estaba envuelto en estos pensamientos cuando del grupo se alzó una hermosa voz femenina:
- ¡Sean bienvenidos al templo de Atón, nuestro señor!

     Valentino giró la cabeza hacia el lugar de donde había emergido la voz y comprobó que quien les daba la bienvenida era Nefertiti, la Gran Esposa Real de Akenatón. El periodista recordó que su nombre, que significa “Bondad de Atón, la bella ha llegado”, le hacía honor porque poseía una belleza que embriaga a quien la mirara. Aunque parecía físicamente frágil, nada más verla se adivinaba que no sólo era inteligente y sagaz, sino que también poseía un fuerte carácter con el que, probablemente, manejaba tanto política como religiosamente al gran farón y, por lo tanto a todo Egipto.

     Su rostro era mucho más hermoso que el valioso busto de piedra caliza policromada que realizó el artesano y escultor Tutmose allí, en Amarna, descubierto en 1912 y que, actualmente, se exhibe en la sala de la cúpula norte del Museo Egipcio de Berlín. Y no sólo llamaba la atención por su belleza, sino también porque era más alta y espigada que la mayoría de las personas que componían el grupo de cortesanos. Valentino, en forma descarada, la volvió a mirar atentamente. Tenía el cuello largo y elegante, pómulos abultados y un maquillaje que realzaba aún más su majestuosa femineidad. Parecía una modelo de alta costura del siglo veintiuno a punto de subir a una pasarela. Le pareció de una belleza tan actual que se la imaginó entrando a la tienda Hermés de la exclusiva calle Ortega y Gasset de Madrid, ataviada con jeans, camisa de lino celeste, y chaquetilla torera corta, de piel negra. Sus ojos eran almendrados, la nariz bien proporcionada y, a pesar de su delgadez, sus labios lucían tan sensuales que daban ganas de besarla con pasión. Le recordó a Audrey Hepburn, la actriz que Valentino consideraba la más bella e interesante de la historia del cine. Como todos, también ella llevaba vestimenta blanca. Un vestido transparente, probablemente de seda, que traslucía su cuerpo desnudo y que dejaba ver sus clavículas marcadas, sus pechos proporcionados, el contorno de sus caderas, su ombligo y hasta su pubis depilado.

     Se dice que Nefertiti era hermana de Akenatón y que fue la madre de Tutankamón, conocido como “el faraón niño”, quien también llegó a reinar Egipto después del rey llamado Smenkkhara. Probablemente en ese momento, Tutankamón, aunque de cortos años, debe haber estado allí presente. Al igual que su padre, Tutankamón se casó con su hermana llamada Anjesenpaatón, la cual, para hacer público que también era hija de Akenatón y Nefertiti, siempre a su nombre solía agregar la leyenda:"…de las entrañas del faraón, nacida de la reina Nefertiti".  

     En medio de una maraña de estímulos sensoriales, Valentino tuvo que hacer un esfuerzo para centrarse en lo que había ido a hacer: una entrevista a Akenatón. Sobre todo quería enterarse de boca del propio faraón cómo este ser humano que por caprichos del destino había sido investido el hombre más poderoso de uno de los reinos más importantes de la antigüedad, había llegado a concebir la idea de un Dios único, algo tan poco común en esa época.  Y, por supuesto, también detalles de los últimos años de su reinado, que los investigadores afirman que fueron muy enrevesados y llenos de traiciones, sobre todo por parte del cuerpo sacerdotal casi intocable, que entonces era una mezcla de casta y de mafia.

     Valentino agradeció a Nefertiti la bienvenida y le transmitió a ella y al faraón que quería hablar a solas con ambos. Para despertar un mayor interés, agregó que les entregaría un mensaje secreto del Dios Atón. El faraón ya repuesto y animado por su esposa real, invitó a Valentino a pasar a una estancia cercana, mientras los demás, con Muchosnombres y el señor Destino, se desplazaron a una gran sala donde había mesas con numerosas bandejas con pescados, carnes, dátiles y frutas frescas; también cántaros con jugos y néctares. Varios sirvientes se acercaron a Muchosnombres y al señor Destino para ofrecerles comida y bebida. Como conocían perfectamente las normas elementales del protocolo de la corte de Amarna, inmediatamente aceptaron y comenzaron a degustar los abundantes manjares, mientras la corte en pleno, sin pronunciar palabra, los miraba embobados comer. Rompiendo el embarazoso silencio, el señor Destino exclamó:
- Son los mejores dátiles que he probado en mi vida.
Esta frase rompió el hielo. Quienes los rodeaban comenzaron a mirarse entre ellos, a sonreír y a hacer movimientos de aprobación moviendo su cabeza de arriba abajo.

     Y el señor Destino no mentía, los dátiles eran soberbios. Cuando los ingirió para saborearlos, de inmediato, la pulpa de los frutos explotó en su boca. Los mezcló con una especie de cerveza turbia que generó una mixtura de sabores agridulces, que le hizo percibir una sensación gustativa que le recordó una cena que, en una ocasión, acompañado por Muchosnombres y Napoléon, disfrazado de ejecutivo agresivo, había degustado en el famoso restaurante “El Bulli” de Ferran Adrià, emplazado junto a la cala Montjoi en la Costa Brava Catalana, considerado durante varios años el mejor restaurante del mundo. Le parecieron bocados tan sobresalientes como los de esa llamada Nouvelle Cuisine creada por los mejores chefs y cocineros que, por lo general, solían presumir de estrellas Michelin.

     Mientras los demás paladeaban las exquisiteces de la cocina real del faraón, Valentino comenzó a hacerle a Akenatón las preguntas que tenía en el cuestionario mental que había preparado en días anteriores.

     Entre otros comentarios, Akenaton explicó que cuando decidió venir de Tebas, Tell el Amarna era un erial.
- Elegí este lugar por la cantidad de días con sol que tiene. Es un sitio ideal para estar en contacto con Atón, nuestro Dios – explicó el faraón.

     Cuando Valentino quiso saber por qué había decidido romper con la religión politeísta, Akenatón lo miró mansamente y le explicó que Atón, su Señor, se lo había ordenado. Comentó que éste le había explicado que era necesario, porque la corrupción religiosa había llegado a cotas tales que, incluso, ponía en peligro la supervivencia del propio Egipto. Agregó que las supercherías estaban debilitando la voluntad de sus súbditos hasta el punto que en caso de una invasión, podrían ser arrollados por los ejércitos de reinos extranjeros, aquellos que desde siempre, habían mirado con ojos ávidos las riquezas de Egipto.

- ¿Tan grave era la situación?
- Sí. La religión dejó de ser un instrumento de liberación y por la codicia de la clase sacerdotal que seguía a Amón, se había transformado en una herramienta de opresión y desigualdad. Los pícaros, y las mafias religiosas y políticas se habían enriquecido como nunca antes había sucedido en Egipto – e insistió- Fue mi Señor Atón quien me dio la orden de romper aquel nudo de iniquidad y liberar a Egipto.